summa cum freak

Considerando el individuo, un esperpento es notable por su fealdad, desaliño y mala traza. Por lo general tiene una cabeza antropomórfica y articulada a un pequeño cuerpo-objeto. El resultado es un trozo de existencia a medio camino entre lo animal —o humano— y el objeto, sin ser lo uno ni lo otro. Tampoco es títere, ni marioneta. Es un esperpento. Visto así, el esperpento es un doble alejamiento, una metamorfosis siempre en curso, detenida en el tiempo, que no acaba de resolverse nunca. En el esperpento, en su presencia, y a través de ella, lo humano —sin degradarse— se reifica permanentemente, se hace cosa. Lo mismo ocurre con el objeto, en principio estático, inerte, involuntario, que también se dinamiza, y cobra vida, y se humaniza, pero nunca del todo, por lo que siempre deja un residuo indisoluble de rareza en el ojo del espectador. Es por ello que un esperpento es de naturaleza inquieta. Nunca está en reposo. Es una pequeña duración.

Considerando el colectivo, cuando cualquier número de esperpentos se congrega, por lo general sobre una mesa para dar razón de su existencia, expresarse y recontar historias, estamos en presencia de una esperpentada, también llamado Teatro de esperpentos. Esto suele suceder al son de muecas, gruñidos, murmullos, gemidos, runruneos o elocuentemente con palabras, melodías, tarareos e intervalos musicales o de silencio que acompañan a la acción.

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